domingo, 4 de abril de 2021

⏳ La época que nos tocó

La incertidumbre es la nueva normalidad
Ya es un lugar común decir que estamos viviendo los tiempos del fin (aunque no se sabe bien si el fin de occidente o de toda la civilizavión humana). Tantos son los signos que a ya casi nadie le queda duda de que así será, y solo queda esperar el sonido final de las trompetas como antesala para el Apocalipsis final. 

A veces, como tantas otras en el pasado, pareciera que ese final va a comenzar por Colombia, o que por lo menos Satanás tiene acá varias de sus sucursales y oficinas (¿la de Envigado, Ubérrimo?) desde las cuales desplegará a sus huestes hacia todo el mundo. No es inverosímil pensar que empezaría por nuestro país, tan hábido de situaciones diabólicas, o acaso lo más diabólico que tengamos sea la indiferencia.

Uno de los 'signos' de aquellos tiempos del fin parece ser la rápida explosión de las redes sociales: plataformas de interacción social en internet cuyo fin, dicen sus creadores, es acortar las distancias, facilitar las interacciones con otras personas que de otro modo serían imposibles, y 'democratizar' el acceso y la creación de información. Efectivamente son muchas las personas que ahora tienen voz, que han usado sus redes como altoparlantes para expresar lo que quieren decir, pero en la mayoría de ocasiones eso ha ido en la merma de la calidad de lo que se quiere decir. Se han hecho así famosos personas otrora inimaginables, se han disparado discursos de odio, políticos de dudosas acciones usan sus redes para socavar la opinión pública, representantes de poca monta del periodismo nacional hacen lo propio con sus seguidores. Así entramos en una era donde la manipulación también se ha hecho más democrática.

Otro signo es la marginalización del libro. Hoy se lee poco, incluso en paises donde tradicionalmente se tenían altas tasas de lectura. Colombia no está ni por asomo entre los paises más lectores del mundo y el panorama no es más alentador hoy. Tradicionalmente somos un país novelero (telenovelero), agorero, facilisita y resignado. Nuestro país hiergue con orgullo su posición de ser el barrio marginal del mundo. 

La Covid-19 ni más faltaba. Los más entusiastas lo equiparan a la primera de Siete plagas bíblicas que asolarán la tierra en el futuro más o menos cercano. Y es que este virus nos vino a recordar que somos seres frágiles, mortales y que la pretendida omnipotencia capitalista humana no es más que una fantasía erótica mal digerida. 

La falta de líderes y liderazgos a nivel mundial. La antiguedad (sobre todo la antiguedad clásica) se caracterízo por contar entre sus máximos representantes a hombres y mujeres que demostraron que el espíritu humano podía alcanzar cotas de grandeza. Hombres y mujeres de todas las áreas artísticas, del pensamiento o de la política. Hoy, cuando tenemos verdaderos grandes problemas globales, tenemos hombres muy pequeños para hacerles frente, incapaces de cualquier articulación o solidaridad para un verdadero liderazgo mundial.Sin ir más lejos sólo nombremos a alguien, Iván Duque.

El ascenso de China. Cada vez más occidente vislumbra el ascenso de China como presunta futura primera potencia mundial con miedo, temor, amenaza y mucha incertidumbre. Antes de plantar cara como los valientes, decide hacer lloriqueos de niño mimado. 

El caos y la incertidumbre globales parecen ser la norma dominante, el nuevo "acuerdo" hegemónico es que hoy no tenemos acuerdos hegemónicos. Estamos esta vez a la buena del 'diablo'. La tendencia al laicismo, la pretendida arrogancia de quitar a Dios de todos nuestros asuntos, nos está pasando factura temprana.

 Y así  va el mundo, como un barco a la deriva, esperando que la mar se calme y podamos arribar a una nueva tierra prometida. El facilismo de nuestra época nos lleva a pensar que "el sistema se regulará solo". Pero está dentro de nosotros, dentro de cada uno, cambiar la Historia. 

¿Y tu qué piensas? ¿Crees que en verdad estamos viviendo los 'últimos días'? ¿o eres más optimista? Déjanos saber lo que piensas en la sección de más abajo.

Seguir leyendo »

miércoles, 11 de marzo de 2020

💊 La epidemia de miedo se extiende por ‎el mundo‎.

😎 La exageración sobre la peligrosidad del coronavirus en relación con otras ‎enfermedades así como la preparación de la respuesta de los principales actores, ‎2 meses ante de la aparición de la epidemia, resultan especialmente sorprendentes. Por ‎el momento, parece apresurado tratar de sacar conclusiones. ‎

Partiendo del principio que no hay que subestimar el coronavirus y que se deben seguir las ‎‎10 reglas de prevención divulgadas por el ministerio de Salud [italiano], habría que adoptar ‎además una 11ª regla fundamental: impedir también la propagación del virus del miedo.

Sin embargo, los medios de prensa, principalmente la televisión, comenzando por la Rai [1], que está dedicando sus espacios informativos casi enteramente al coronavirus, ‎se dedican precisamente a propagar el miedo, un virus que penetra así en todos los hogares, ‎a través de los canales de televisión. ‎

Pero esas mismas televisoras que siembran la alarma sobre el coronavirus callan el hecho que la ‎gripe invernal, ha resultado mucho más letal que el coronavirus, dejando en Italia, sólo durante la ‎‎6ª semana de este año 2020 –según el Instituto Superior de Salud–, un promedio diario de ‎‎217 muertes, provocadas por complicaciones pulmonares y cardiovasculares derivadas de ‎esa simple gripe. Tampoco dicen que –según la Organización Mundial de la Salud (OMS)– en Italia ‎mueren cada año más de 700 enfermos de SIDA, lo cual representa un promedio de ‎‎2 fallecimientos diarios, de un total mundial de 770 000 muertos por el SIDA. ‎

Al referirse a la campaña alarmista sobre el coronavirus, la directora de macrobiología clínica, ‎virología y diagnóstico de biourgencias del laboratorio del hospital Sacco, de Milán, Maria Rita ‎Gismondo, declara:‎ ‎

«Es una locura. Han convertido una infección apenas más seria que una gripe en una ‎pandemia letal. ¡Miren la cifras! No es una pandemia.»

Pero la voz de esta científica no llega hasta el gran público, mientras que cada día, desde la Rai –‎servicio supuestamente público– hasta los canales de Mediaset y todos los demás, se les inculca ‎a los italianos el miedo al «virus mortal que, desde China, se extiende por el mundo». ‎

El hecho es que esa campaña va en el mismo sentido que lo que declaró el secretario del ‎Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, en una entrevista transmitida por Fox Business: ‎ ‎

«Pienso que el coronavirus ayudará al regreso de los empleos de China a Estados Unidos. ‎En China hubo, primero el SARS, después la peste porcina y ahora el coronavirus.»‎

Por consiguiente, comenta el New York Times, «lo que China pierde podría ser una ganancia ‎para América» [léase “para Estados Unidos”]. Dicho de otra manera, el coronavirus podría tener un ‎impacto destructor sobre la economía china y, en una reacción en cadena, sobre las economías ‎del resto de Asia, de Europa y de Rusia, ya afectadas por la caída de los flujos comerciales y ‎turísticos, en beneficio de Estados Unidos, económicamente indemne. ‎

Global Research, el centro de investigación sobre la globalización, dirigido por el profesor Michel ‎Chossudovsky, está publicando una serie de artículos de expertos internacionales sobre el origen ‎del coronavirus. Esos expertos estiman que «no se puede excluir la posibilidad de que este virus ‎haya sido creado en un laboratorio», hipótesis que no puede ser simplemente clasificada como ‎‎«complotista» para desacreditarla. ¿Por qué? Porque Estados Unidos, Rusia, China y las demás ‎grandes potencias tienen laboratorios donde se realizan investigaciones sobre virus que, al ser ‎modificados, pueden ser utilizados como agentes de guerra biológica, dirigiéndolos incluso contra ‎ciertos sectores de la población. Estamos hablando de una actividad rodeada del mayor secreto, ‎a menudo bajo la cobertura de investigación científica de tipo civil. ‎

Pero algunos hechos salen a la luz, como la existencia en Wuhan de un biolaboratorio donde ‎científicos chinos realizan, en colaboración con Francia, investigaciones sobre virus letales, ‎entre ellos algunos enviados por el Laboratorio de Microbiología de Canadá. En julio de 2015, el ‎instituto gubernamental británico Pirbright patentó en Estados Unidos un «coronavirus ‎atenuado». En octubre de 2019, el Johns Hopkins Center for Health Security realizó en ‎Nueva York un simulacro de pandemia por coronavirus utilizando un guión que, de convertirse ‎en realidad, provocaría 65 millones de muertos [2].‎

Pero lo que no se simula es la propagación del virus del miedo, que se extiende, con efectos ‎socioeconómicos devastadores. ‎

Manlio Dinucci

Fuente
Il Manifesto (Italia)

Seguir leyendo »