El covid-19, como exponente de la actual desintegración del sistema, ha
hecho que las pandemias sean vistas como hechos habituales. Han
conseguido su normalización y la asunción de su inevitabilidad.
Se suma una preocupación más a los múltiples eventos de escala global capaces de resignadamente borrarnos de la faz de la tierra. Este es el primer virus global de una tendencia que no va a parar sola si no la paramos.
Si queremos aprender de la actual situación de pandemia que azota el
mundo y evitarlas en un futuro debemos reconocer dónde estamos y a dónde
vamos, para saber dónde podemos intervenir.
"Es un hecho que hay una guerra híbrida entre potencias que por ahora no son formalmente enemigas sino competidora".
Esta crisis sanitaria, al ser
una más del actual sistema, incide en todos sus problema,
aumentando la presión sobre el e impulsándolo a una transformación.
Esta transformación va en contra de los poderes e intereses
establecidos, cuya tendencia es a aumentar la presión sobre los
mecanismos actuales para mantener el sistema y con el sus privilegios.
El choque con estas élites incapaces de asumir pérdidas está servido. No
parecen dispuestas a ceder.
Cuanto más se tarde en abordar el cambio mayor será el choque.
La buena noticia es que las posibles soluciones a los actuales problemas
son coincidentes con soluciones adoptadas para paliar otras crisis
concomitantes: desigualdad, inequidad, destrucción ambiental,
migraciones, desastres climáticas y humanos. Todo ello lleva a reforzar
la idea de que el problema no es el mundo, sino la forma en el que en él
nos movemos.
La OMS registra al año alrededor de
10 amenazas a la salud mundial a través de su organismo
GAR. A los brotes estacionales cada 2-5 años nos depara una pandemia. En los últimos 20 años china ha logrado contener unas
4 epidemias de las
9 que se han declarado en el mundo.
Estos datos son totalmente erróneos y subestimados,
ya que no tienen en cuenta las amenazas biológicas y de salud pública
de origen humano. Por ejemplo no se reflejan amenazas tales como la
enfermedad de las
vacas locas, los
10 ataques en japón en los 90, el Ataque de antrax de 2001, de origen militar y quién sabe cuántos más que se queden en el tintero.
Se apunta a que un factor clave para el desarrollo de las epidemias es
el factor medioambiental, ya que influye tanto en la calidad del entorno
como refleja la actividad y modo de habitabilidad humana y sus
condiciones de vida. Sabido es que el hacinamiento de las ciudades
modernas es un reservorio infinito de patógenos. Cuanto más avanza el
capitalismo y más se concentran los capitales menos espacio queda para
cada una de nosotras, hasta el punto en que solo podamos vivir en zulos.
Los múltiples contactos en los desplazamientos son un factor clave en la dispersión de las epidemias.
Es un hecho que hay una
guerra híbrida entre potencias que
por ahora no son formalmente enemigas sino competidoras y que dirimen
sus diferencias ya no en campos de batalla, sino en espacios políticos,
económicos y sociales, informativa, influencial, electrónica y
biotecnológica a lo largo del mundo. No se puede descartar que la actual
epidemia de covid-19 no se trate de otro movimiento de esta guerra.
Los estados intentarán mantener su status quo al máximo, lo que indican que harán lo necesario para
no matar al huesped
mientras sacan ventaja de su situación. Las medidas aparentemente
benignas reformularán con cada crisis la situación para que el poder no
caiga en las mayorías.
Los estados se encargarán de la vigilancia y preparación para los
casos de epidemia, gastándose millones mientras mantienen las
condiciones económicas y sociales que producen tales males. Mejorar los
servicios asistenciales son inútiles si la economía se ve azotada por
constantes crisis biológicas.
1-
Lucha contra el sistema productivo y de consumo. Tal vez sea el punto central de nuestra misión.
Reconvertir empresas e industrias,
desconcentrando, descentralizando, redistribuyendo. Frenando la
agricultura intensiva y potenciando la extensiva, minorista y localista.
Mejorando las condiciones habitacionales y ambientales, lo cual choca
tanto con el modelo industrial de producción como con el modelo
hiperconsumista. Este camino es
relativamente sencillo de reivindicar ya que va acorde con las peticiones de defensa ambientales. Pero tal vez el más difícil de realizar, porque va en
contra núcleo lógico propio del sistema.
2-
Lucha contra el hacinamiento. El ser humano necesita espacios
limpios, abiertos, biodiversificados y sobre todo naturales. Esto choca
de frente con el actual sistema de propiedad y uso de los terrenos, el
sistema habitacional, de movilidad y producción. Miles de pequeños
terrenos deben volver a ser espacios protegidos. Las condiciones
habitacionales deben ser restablecidas: aumento de los metros de
vivienda por persona, disminución de la densidad de población de las
ciudades, disminución de la distancia a los puestos de trabajo, del
consumo por persona empezando por las necesidades secundarias creadas
por el marketing, y un largo etc de medidas que por desgracia se oponen
frontalmente a la tendencia estabuladora actual. Esto no se logrará sin
un estudio profundo de las situaciones particulares, lo que llevará
inevitablemente a una redistribución equitativa de bienes y a un
choque con las élites.
3-
Lucha por servicios Sanitarios Universales y de calidad. Un
desastre es por definición un evento que supera las capacidades de los
servicios que se dispones. La actual pandemia a puesto de relieve las
fallas de los distintos sistemas de salud. Mientras unos han mantenido
relativamente buenos estándares otros han colapsado por falta de
personal, equipos e instalaciones. Lo que es evidente es que en todos
los países sin excepción los recortes en los servicios de salud pública
sumado a la incapacidad técnica de la sanidad privada, cara e
ineficiente, han sido determinantes en el abordaje de este desastre
mundial. Pero lo mismo podríamos decir de las situaciones de catástrofe
por tormentas, incendio e inundaciones. La reivindicación de una sanidad
universal, bien dotada, eficientes será determinante para superar
posibles retos que sin duda llegarán. Esto nos enfrenta por desgracia a
una caterva de agentes y operadores privados que muchas veces forman
parte medular del propio sistema sanitario público.
4-
Lucha Antimilitarista y contra las bioarmas. Por último hay que recordar sea o no sea el covid-19 un arma biotecnológica estas son consideradas
armas de destrucción masiva.
Lugares que, como en la caja de pandora, encierran todos los males
esperando a ser destapados a la orden del general de turno: cepas de
viruela, antrax, ébola, Gripe A, y ahora coronavirus. A parte de
instalaciones secretas y militares, muchos países poseen laboratorios de
contención de nivel 4 con supuestas actividades civiles pero numerosos
contactos militares.
En este caso es problema es claro, hay que parar la cadena de producción, empezando por
cerrar instalaciones y detener a sus promotores:
los laboratorios en que se producen, los colaboradores, las clínicas
donde se practican ensayos, a los agentes dispersores, promotores,
financiadores y a los mercaderes de armas.
Esta tarea antimilitarista deberá ejercerse en todo el mundo, de forma
similar a la forma en que nos oponemos a las armas y centrales
nucleares, solicitamos el cierre de sus instalaciones.
5- Lucha de Apoyo Internacionalista. Para tal lucha antibiocida mundial es crucial el
apoyar y coordinar las luchas locales de nuestras compañeras situadas en aquellos países donde se dispone de este tipo de instalaciones, en particular en
China, Rusia, EEUU, UK, Japón o Francia,
los países más proclives a utilizarlas, y una larga lista de países con
capacidad de generar bioarmas. Nada justifica su existencia criminal.
Cada uno tendrán que cerrar las instalaciones en sus países, sabiendo
que la supervivencia de una sola instalación es una amenaza real para
todo el planeta.
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Para Saber más
¿Un mundo post-coronavirus? 20.3.2020
La epidemia del mundo se extiende por el mundo 11.3.2020